Una meditación moderna

Érase un frío y nublado día de invierno por allá en el 2006, cuando un joven ‘yo’ de 14 años no dejaba de repetirse una pregunta que, sin saberlo, impactaría de manera tan profunda sobre su existencia. Bendita sea aquella mañana que este muchacho, adicto a las golosinas y a los juegos de computadora e impulsado por innata curiosidad, tipeó en Google: ¿Cómo ser feliz? 


Entre miles de respuestas, hubo una que prevaleció sobre las demás: Practica meditación. Y por supuesto, sin ahorro alguno, lo que más llamó su atención fue que era gratis y que podía comenzar de inmediato. Sin dudarlo, siguió las instrucciones al pie de la letra y pues, nada ocurrió. Decepcionado y confundido, siguió con su búsqueda.


Una conveniente combinación entre exceso de expectativa y ansiedad auto-inducida lo llevó a investigar más a fondo sobre la historia de esta práctica. Necesitaba contexto. ¿Cómo era posible que una práctica tan antigua hubiera perdurado por milenios en la humanidad? Leyó sobre monjes y sabios que afirmaban que la meditación era la clave para la ‘iluminación’ o el ‘despertar’, conceptos que, en su púber mente, parecían lejanos y abstractos. Sin embargo, aquellas historias encendieron una chispa de esperanza.


Hoy, casi 2 décadas después, este ahora-menos-joven ha dejado de perseguir la felicidad porque ha entendido algo fundamental: la felicidad no es un resultado, es un estado de ser. Buscarla, paradójicamente, es lo que más lo alejaba de ella. Se dió cuenta también que más temprano que tarde, la frustración y ansiedad gobernarán en cualquier mente que intente comparar las imágenes de felicidad que ha creado, con la realidad.


La data científica sobre salud mental está más clara que nunca, según la OMS (Organización Mundial de la Salud), un estudio del 2019, indicó que 301 millones de personas fueron identificadas con síntomas de ansiedad y depresión. Más de la mitad de ellos, no cuentan con acceso a especialistas para atenderse, y no entraré en detalle sobre el gran porcentaje de quienes tomaron una decisión irreversible. 


Ya no es necesario emprender un viaje hasta una cueva en los Himalayas Tibetanos para recibir instrucción acertada sobre cómo empezar a meditar. Programa tu alarma para que suene en 5 minutos, aquí y ahora. Sí, bienvenido al poder de la acción presente. Ocúpate en mantener tu espalda recta, tus piernas dobladas y tus hombros relajados. Apoya las manos en tus muslos, como más cómodo te sientas y enfoca toda tu atención en el aire que entra y sale de tu cuerpo. Si te das cuenta de que tu mente se desconcentra, por más bonita que sea la distracción, agradécele y regresa el enfoque a tu respiración. Repite este último paso cuantas veces sea necesario, por el resto de tu vida. 


Con Amor y ánimos de inspiración,


RODRIGO RIVERA JERÍ

SHIFU QIGONG, TAICHÍ CHUAN Y MEDITACIÓN

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